¿Qué mejor manera de cerrar un verano de cine que cantando? Cibeles de Cine 2026 se despide hoy, jueves 10 de septiembre, con una sesión sing along de La La Land, la película con la que Damien Chazelle —el mismo que después firmaría Whiplash y Babylon— conquistó a medio mundo hace ya una década. Las entradas, agotadas desde hace días, confirman lo que esta cita veraniega madrileña ha vuelto a demostrar edición tras edición: que el cine, cuando se proyecta bajo las cúpulas de cristal del Palacio de Cibeles, se convierte en algo parecido a un rito colectivo.
Once años de una historia de amor con el celuloide
La Galería de Cristal de CentroCentro, dependiente del Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, ha vuelto a transformarse en sala de cine durante once semanas. La cifra final —más de 35.000 espectadores— confirma que el formato, organizado por CentroCentro y producido por mk2, sigue teniendo una vigencia envidiable en una ciudad saturada de propuestas de ocio.
El brillo de los nombres propios
Pocas citas cinematográficas de Madrid logran reunir en un mismo verano a tantas voces del cine patrio. Rodrigo Sorogoyen y Vicky Luengo presentaron El ser querido; Alauda Ruiz de Azúa acudió con Los domingos, la gran triunfadora de los últimos Premios Goya; Fernando González Molina defendió Cronos; y el productor Agustín Almodóvar acompañó la proyección inaugural de Volver, que este año cumple veinte años sin perder un ápice de su fuerza. También pasaron por la Galería de Cristal Álvaro Agustín y Sergi López, ligados a El laberinto del fauno, y Maggie Civantos, con la revelación de la temporada, Maspalomas.
Cuando el cine dialoga con el periodismo cultural
"El cine se convierte en algo parecido a un rito colectivo."
La colaboración con medios de comunicación ha sido, de nuevo, una de las señas de identidad del ciclo. Gregorio Belinchón, periodista cultural de El País, condujo la presentación de El ser querido; Pablo Guimón hizo lo propio con Los domingos; y el equipo de Fotogramas presentó tanto Hamnet, el drama de Chloé Zhao sobre Shakespeare, como La cena, de Manuel Gómez Pereira, doblemente premiada en los Goya.
Los clásicos, protagonistas de los domingos
El ciclo TCM Nights ha convertido cada domingo en una lección de historia del cine: Cabaret, La escopeta nacional en el centenario de Berlanga, Vértigo, Manhattan, Moulin Rouge en su veinticinco aniversario o Taxi Driver, con medio siglo ya a sus espaldas. Un recorrido que ha convivido con propuestas más de nicho, como Aeterna, el ciclo de terror y fantástico de mk2 Cine Paz, donde se proyectaron los dos volúmenes de Kill Bill y Pulp Fiction, o el festival RompeMadrid, ligado al podcast Tiempo de Culto.
La cultura pop también tuvo su butaca
Harry Potter y la piedra filosofal reunió a los divulgadores Sergio Casas e Iván Fuentes; El viaje de Chihiro, del Studio Ghibli, llegó de la mano de Javi Godoy y su podcast Haz que pare; y La grazia, de Paolo Sorrentino, fue presentada por Noemí Oliva desde Locura compartida. La proyección de Proyecto salvación se completó con una charla sobre cine y medioambiente organizada por Another Way Film Festival, prueba de que el ciclo también busca provocar preguntas más allá de la pantalla.
Una exposición como testigo silencioso
Durante toda la edición, la muestra fotográfica "Un país de puro cine" —una colección de retratos de figuras del cine español realizados por fotógrafos vinculados a El País con motivo de su cincuenta aniversario— ha acompañado en silencio cada sesión, como un recordatorio de que el cine español vive, hoy, uno de sus momentos de mayor reconocimiento internacional.
El telón se cierra, pero la luz permanece
Con más de 70 películas proyectadas, un gastrobar renovado, 650 butacas y una zona Cine Premium con Campari, Cibeles de Cine ha vuelto a demostrar que el verano madrileño necesita, cada año, este pequeño templo temporal dedicado al séptimo arte. Cuando esta noche se apaguen las luces tras el último acorde de La La Land, quedará la certeza de que el cine, como el propio Palacio de Cibeles, sabe reinventarse sin perder su esencia.
