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Lavinia Fontana, The Mystic Marriage of Saint Catherine of Alexandria, 1607. Photo: Cecilia Heisser/NationalmuseumSweden
Lavinia Fontana, The Mystic Marriage of Saint Catherine of Alexandria, 1607. Photo: Cecilia Heisser/NationalmuseumSweden
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Lavinia Fontana resurge tras un siglo de silencio

  • El Nationalmuseum adquiere un retablo inédito de la pintora del Renacimiento

¿Cuántas obras maestras permanecen todavía ocultas en colecciones privadas, esperando a que el mundo repare por fin en ellas? Esa pregunta, tantas veces retórica en el ámbito del arte, acaba de recibir una respuesta concreta desde Estocolmo. El Nationalmuseum sueco ha anunciado la adquisición de un retablo de Lavinia Fontana que ha permanecido en manos de una colección privada italiana desde finales del siglo XIX, completamente desconocido para el mundo del arte hasta hoy.

La obra, titulada El matrimonio místico de Santa Catalina de Alejandría, fue pintada en 1607 y representa, según ha señalado el propio museo, una de las composiciones religiosas más ambiciosas de Fontana. No es un hallazgo menor: se trata de una incorporación excepcional al catálogo de una de las figuras más singulares de la pintura del Renacimiento italiano, en un momento en que el mercado del arte antiguo ofrece cada vez menos sorpresas de esta magnitud.

Una escena de devoción íntima

En un interior palaciego, la Virgen y el Niño se aparecen en visión a Santa Catalina de Alejandría, con quien, según la leyenda, el Niño estaba desposado. Fontana aborda este motivo tan popular en la pintura religiosa con una sensibilidad devota, íntima y marcadamente naturalista. Mientras el vestido y la pose de la santa remiten todavía a los códigos de la pintura del siglo XVI, la expresión del Niño, que coloca el anillo en el dedo de la santa bajo la mirada atenta de su madre, resulta sorprendentemente natural y cercana.

El cuadro condensa, además, el estilo tardío de la artista: relaciones cromáticas armoniosas y transiciones suaves entre luz y sombra que hablan de una pintora en pleno dominio de su oficio. No en vano, la obra fue realizada en 1607, cuando Fontana se encontraba en el punto álgido de su carrera artística.

Una pionera del Renacimiento italiano

Nacida en Bolonia en 1552 y fallecida en 1614, Lavinia Fontana está considerada una de las primeras pintoras profesionales del Renacimiento italiano, precursora de reconocimiento internacional que abrió camino a generaciones posteriores de mujeres artistas. Hija del pintor Prospero Fontana, tuvo la fortuna de formarse directamente con él, un privilegio poco habitual para una mujer de su época.

En 1577 contrajo matrimonio con Gian Paolo Zappi, un noble menor que ejercía también como pintor y que terminaría convirtiéndose en su agente artístico. Se considera a Fontana la primera mujer profesional en dirigir su propio taller, y fue precisamente su trabajo como pintora el que sostuvo económicamente a su marido y a los once hijos del matrimonio.

El taller de una artista ambiciosa

Fontana se consolidó pronto como retratista de éxito en su Bolonia natal, con el mecenazgo de académicos universitarios y de la nobleza local. Pero su producción fue mucho más amplia: pintó numerosas obras devocionales de pequeño formato, además de composiciones mitológicas de mayor envergadura y retablos de gran tamaño. Si sus retratos reflejan una especialización habitual entre las mujeres artistas de la época, su actividad como pintora religiosa resultó del todo excepcional, especialmente por los numerosos encargos públicos que recibió para grandes retablos.

Hacia 1590 llegó su primer encargo papal, un reconocimiento notable en un terreno dominado casi por completo por hombres. Trece años después, en 1603, trasladó a su familia a Roma en busca de nuevas oportunidades, convirtiéndose en una de las primeras mujeres admitidas en la prestigiosa Accademia di San Luca, institución que agrupaba a los artistas más destacados de la época.

Una colección que se completa

La adquisición del retablo, posible gracias a una donación del Fondo Sophia Giesecke, se enmarca en la estrategia que el Nationalmuseum viene desarrollando en los últimos años para incorporar a sus fondos obras de artistas mujeres. La pieza se suma así a los trabajos de Sofonisba Anguissola y Artemisia Gentileschi que el museo ha adquirido recientemente, consolidando un relato museístico que reivindica el papel de las pintoras en la historia del arte europeo.

El cuadro podrá contemplarse en las salas del museo a partir del 1 de septiembre, una fecha que marcará el reencuentro público de esta obra con el mundo, más de un siglo después de haber desaparecido en una colección privada. Pocas veces el arte ofrece la oportunidad de asistir, casi en tiempo real, a la recuperación de un fragmento perdido de la memoria pictórica de una época. Esta es una de ellas.