Entre recuerdos, música y nostalgia noventera, Alice Kellen regresa con El club del olvido, una novela coral sobre las heridas que deja el pasado, los vínculos que nos sostienen y el vértigo de crecer. En esta conversación, la autora reflexiona sobre la melancolía, el amor lejos del ideal romántico, el peso del lugar en el que nacemos y esa sensación generacional de llegar tarde a la vida. También habla de sus procesos creativos, sus próximos proyectos y del salto de sus historias al audiovisual.
Para empezar, ¿en qué etapa profesional llega El club del olvido a tu vida?
Creo que llega en un momento en el que ya llevo bastantes novelas publicadas y, en algunas de ellas, me apetece experimentar más o abordar ciertos temas desde enfoques diferentes. Además, ha coincidido con un año intenso por los proyectos audiovisuales. Pero, a nivel personal, creo que me encuentra en una etapa bastante tranquila. Esta novela habla de personas que, al final, nunca terminan de olvidar del todo.
¿Crees que los recuerdos del pasado nos acaban definiendo en el presente?
Sí, evidentemente. Desde la infancia vamos recogiendo experiencias, aunque hacemos una selección muy concreta, porque de todo lo que vivimos nos quedamos con muy poco: solo con aquello que realmente encuentra un lugar donde asentarse.
Nos moldeamos no solo a través de lo que hemos vivido, sino también de cómo cambia nuestra narrativa sobre esos recuerdos. Creo que esa visión va transformándose. Muchas veces miras atrás y, según cómo seas en el presente, reinterpretas el mismo recuerdo desde otra perspectiva.
¿El club es un personaje más dentro de la novela? ¿Siempre lo concebiste así?
Sí. Para mí era una especie de refugio, aunque también termina convirtiéndose en una condena, casi en una cárcel. Lo visualizaba como un nido: los pájaros están cómodos, protegidos, alimentados… pero llega un momento en el que, si no salen a volar, mueren. No puedes quedarte eternamente en ese lugar seguro.
El club representa precisamente esas dos cosas: el refugio y la condena.
¿Qué playlist acompaña a este libro? En tu novela anterior comentabas que escribías escuchando música.
Sí, claro. Hay muchísima música de los setenta, ochenta y principios de los noventa. De hecho, hemos incluido un código QR con la playlist en la última página del libro, ya que la tenía preparada y me parecía bonito compartirla. Además, ha sido muy divertido porque en el club hay noches temáticas y cada una tiene su propia atmósfera. En la noche hawaiana, por ejemplo, suenan los Beach Boys y canciones muy concretas según lo que ocurre en el local. Elegir la música en función de cada escena fue una parte muy entretenida del proceso.
Esta novela se siente más melancólica y más coral que otras tuyas. ¿Cómo ha sido mezclar generaciones y épocas distintas?
El tema de las épocas siempre me ha gustado mucho. Ya lo había trabajado en novelas como Tú y otros desastres naturales, El chico que dibujaba constelaciones o Las alas de Sophie. Me atraen especialmente los tiempos en los que todo era analógico, porque la manera de relacionarse, comunicarse y crear vínculos era distinta. Me encantan los años setenta, ochenta y noventa.
También es diferente porque esta es una historia coral. Había hecho algo parecido antes, pero más de forma superficial. Me gusta experimentar y probar estructuras distintas, porque al final necesitas sentir que cada novela te aporta algo nuevo. Tengo miedo de repetir historias o conflictos que ya haya contado antes. Cuando llevas tantas novelas, el verdadero reto ya no es encontrar temas “nuevos”, sino temas que realmente te interesen y te despierten curiosidad durante un año entero de trabajo creativo.

En tus novelas el amor nunca aparece como algo idealizado o salvador. ¿Te interesa romper con el mito del amor romántico?
Sí, porque el amor no nos salva de todo. Aunque, al mismo tiempo, el amor —no solo el romántico, también el de la familia o las amistades— sí puede ayudarte muchísimo. Puede ser sostén, motivación, una red que amortigua las caídas. Pero eso no significa que desaparezcan los problemas. Puedes sentirte querido y seguir teniendo conflictos o dolor.
Tampoco creo en el cinismo de pensar que el amor no sirve para nada. Para mí la vida sin amor no tendría sentido. Lo importante es encontrar un equilibrio entre ambas ideas.
La novela también habla de esa sensación de “llegar tarde” que sienten muchos jóvenes. ¿Querías explorar ese tema?
Sí, porque creo que hay una etapa muy complicada relacionada con tomar decisiones: el paso de la juventud a la vida adulta. Llega un momento en el que tienes que escoger caminos y, aunque siempre puedes cambiar, cada vez resulta más difícil hacerlo. Con los años, ciertas trayectorias se van estrechando.
Además, las personas con las que creciste empiezan a tomar rutas distintas. Antes ibais todos por el mismo camino, pero luego aparecen bifurcaciones porque cada uno tiene inquietudes y objetivos diferentes. Y creo que hoy es todavía más complejo porque existen muchísimas más opciones de vida. Hay más posibilidades, más modelos, más caminos… y eso puede ser paralizante.
Es como cuando vas a un restaurante y la carta tiene cinco páginas. A mí me bloquea. Prefiero tres entrantes y tres platos principales. Tener demasiadas opciones genera presión, y eso mismo nos pasa ahora en la vida.
¿Crees que nacemos melancólicos por naturaleza?
Sí, creo que hay algo innato. Hay personas más nostálgicas que otras. Yo lo he sentido desde niña y, de hecho, en mi hijo mayor también lo percibo desde muy pequeño.
Hay rasgos de personalidad que no tienen tanto que ver con el aprendizaje, sino con cómo eres desde el principio. A mí me pasaba con la timidez: era tímida desde muy pequeña. Y hay niños que, en cambio, se relacionan con todo el mundo sin problema. Luego aprendes herramientas para manejar ciertas cosas, pero sí creo que hay aspectos que nacen contigo.
Dalia es un personaje muy querido, pero también profundamente incomprendido. ¿Querías reflejar esa soledad?
Sí, aunque Dalia también funciona como una especie de trampa narrativa. Ella llega a la vida de todos los personajes y empieza a atravesarlos, a removerlos.
Los observa desde una mirada limpia, porque no los conoce desde el pasado. No los ve como “los niños que fueron”, sino como las personas que son ahora. Cuando conoces a alguien desde hace tantos años, puedes terminar creyendo que ya sabes todo sobre él, y dejas de profundizar. Dalia rompe precisamente con eso.
Con Max también aparece mucho el peso de haber nacido en un lugar concreto. ¿Qué querías contar ahí?
Quería hablar de las cartas que te tocan al empezar la vida. Evidentemente siempre hay margen para cambiar, pero el entorno condiciona muchísimo. En la novela, aunque los cuatro personajes crecen en el mismo barrio humilde, sus vidas son completamente diferentes: uno es hijo único, otro tiene seis hermanos, otro vive con su abuela, otro convive con la enfermedad dentro de casa…Incluso compartiendo ciudad, época y contexto, los cimientos ya son distintos según el lugar exacto en el que aterrizas.
Si pudieras entrar en el club, ¿con quién conectarías primero?
Probablemente con Dalia. Me divertiría mucho con Samuel, Abel sería mi mejor amigo y me encantaría debatir con Max. Y sí, seguramente me enamoraría de Tristán. Pero la primera persona que llamaría mi atención sería Dalia.
Si ese club existiera hoy, ¿cómo sería?
Me lo imagino como un pub pequeño y sencillo, nada moderno ni pretencioso. Ese típico sitio al que ibas cada semana y siempre encontrabas a las mismas personas.
Quizá no sabías sus nombres, pero reconocías a “los del futbolín” o a quienes siempre estaban en la barra. Esa sensación de lugar que acaba convirtiéndose en casa.
¿Qué feedback estás recibiendo de los lectores durante la gira de firmas?
Hay opiniones muy diferentes, claro. Hay lectores que prefieren más las novelas románticas y otros que conectan más con historias como El chico que dibujaba constelaciones o Nosotros en la luna. Al final intento equilibrar y que cada libro me aporte algo distinto a nivel creativo: una estructura nueva, temas diferentes o retos narrativos que me mantengan estimulada.
¿Y qué puedes adelantar sobre tus próximos proyectos y las adaptaciones audiovisuales?
Estoy escribiendo algo bastante distinto y tengo muchas ganas de hablar de ello pronto.
Respecto a los proyectos audiovisuales, lo estoy viviendo con mucha tranquilidad y curiosidad. Me interesa muchísimo entender cómo se cuenta una historia en otro lenguaje diferente al literario. Ya he visto los resultados y estoy contenta porque mantienen la esencia de las novelas. Evidentemente, una adaptación implica muchísimos cambios y decisiones que desde fuera no siempre se comprenden: canciones que no pueden utilizarse, escenas que hay que modificar…Pero lo estoy disfrutando mucho y aprendiendo muchísimo de todo el proceso.
