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Las fotografías por Pablo Andrés Rial

Caminaba por Adrogué, y entré a un viejo caserón, me anoté en una lista e ingresé a un curso de fotografía, recuerdo que habían dado una definición interesante que ya olvidé, tenía que ver con la escritura, era una escritura de las imágenes, era la grafía, ¿es raro no? ahora lo recuerdo, ví mi lapicera y la sujeté para salvarla del idioma, levanté la mano y dije “estoy solo”, estoy solo de oyente, me levanté y me fui mientras me alejaba, pensé en lo maravilloso que es ser capaz de captar un movimiento poco antes del después de la destrucción, es sin duda para un segundo telón, donde el público aplaude sin ver y se emociona con los sonidos de una explosión.

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La fotografía tiene eso, es responsable de esas fatigas parapléjicas del tiempo que se impacientan al verse sobre las mesas o en los pisos de los cuartos abriendo consigo a la memoria de los detalles, los gestos, las ropas, las miradas, los paisajes muertos y esos reinos donde la piel de colores alguna vez lo vivenció, y que ahora únicamente queda como cercanía el tacto de la vista a lo inanimado, tomando una distancia más grande y profunda por el simple hecho de su inexistencia.

Por Pablo Andrés Rial