Hay artistas que ofrecen conciertos y otros que construyen rituales. Raphael pertenece, desde hace mucho, a la segunda categoría. En una Plaza de España completamente entregada, el cantante de Linares volvió a demostrar que el tiempo es un concepto relativo cuando el escenario se convierte en una extensión natural de su personalidad.
Con una introducción que daba paso al universo de "Raphaelísimo", el artista apareció entre una ovación que parecía más un reconocimiento a una trayectoria irrepetible que el saludo de inicio de un concierto. Bastaron los primeros compases de "La noche" para comprobar que la voz conserva el dramatismo, la potencia y la personalidad que lo han convertido en un referente de la música en español.
El repertorio fue un recorrido por más de seis décadas de carrera. "Yo sigo siendo aquel", "Digan lo que digan" y "Mi gran noche" despertaron los primeros coros masivos de un público compuesto por varias generaciones que conocían cada palabra. Raphael no necesita artificios: un gesto de sus manos, una mirada al horizonte o un silencio perfectamente medido bastan para llenar el escenario.
La actuación cambió de registro con un bloque dedicado a la chanson francesa, una de las grandes pasiones musicales del cantante. "Padam, Padam", "La vie en rose" y "Hymne à l'amour" sonaron con una elegancia casi teatral, demostrando la capacidad del artista para apropiarse de clásicos universales sin perder su identidad interpretativa.
Hubo espacio para la intensidad emocional con "Malena", "Estuve enamorado", "Amor mío", "Cuando tú no estás" y una sobrecogedora versión de "Llorona", interpretaciones que mantuvieron a la Plaza de España en un respetuoso silencio antes de estallar en aplausos.
La recta final fue una sucesión de himnos. "En carne viva", "Se nos rompió el amor", "Qué sabe nadie" y "Yo soy aquel" elevaron la temperatura de un recinto completamente en pie. Raphael, lejos de administrar esfuerzos, incrementó la intensidad de su interpretación en cada canción, como si estuviera dispuesto a demostrar que sigue siendo dueño absoluto del escenario.
El desenlace no podía ser otro que una celebración colectiva. "Escándalo" transformó la Plaza de España en una gigantesca pista de baile, mientras "Como yo te amo" puso el broche a una noche cargada de emoción, nostalgia y admiración.
Con más de dos horas de actuación y veintiocho temas, Raphael ofreció mucho más que un concierto: una lección de oficio, de presencia escénica y de compromiso con un repertorio que forma parte de la memoria sentimental de varias generaciones. A sus más de ochenta años, continúa interpretando cada canción como si fuera la primera y la última, una entrega que explica por qué sigue llenando recintos y despertando la misma pasión que hace décadas.
En el marco incomparable del Icónica Sevilla Fest, la Plaza de España volvió a rendirse a un artista que no vive de su leyenda: la alimenta cada vez que pisa un escenario.
