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La Modelo Barcelona memoria
La Modelo Barcelona memoria
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LA MODELO

  • La atracción que desaparece cuando la ciudad decide convertir la memoria en equipamiento

Hay edificios que se derriban. Otros se transforman. Y hay algunos que, incluso cuando dejan de cumplir su función original, siguen cumpliendo una función mucho más incómoda: recordarnos quiénes fuimos. La antigua cárcel Modelo de Barcelona pertenece a esta última categoría.

Durante más de un siglo, La Modelo fue una prisión, pero también un escenario de episodios políticos, sociales y culturales que forman parte de la memoria contemporánea de Barcelona y Catalunya. Cerró definitivamente el 8 de junio de 2017, después de 113 años de actividad penitenciaria. Desde entonces, el recinto ha vivido una segunda vida: visitas, actividades culturales, exposiciones, actos públicos y rodajes.

Ahora llega una tercera vida. La transformación del recinto pretende abrirlo a equipamientos públicos, vivienda, espacios comunitarios y zona verde. La cuestión no es discutir si Barcelona necesita esos servicios. Los necesita. La cuestión es otra: ¿qué parte de La Modelo sobrevivirá cuando La Modelo deje de existir como lugar reconocible?

La Modelo Barcelona memoria Cupula
La Modelo Barcelona memoria Cupula

Hannya: el último fotograma de una prisión

En ese punto aparece Hannya, la película dirigida por Mel Álvarez y protagonizada por Alexandra Olmo y Txema Lorente. Su rodaje en el interior de La Modelo adquiere hoy una dimensión que va mucho más allá de la ficción: la cámara registra un espacio que está dejando de ser lo que fue.

El cine tiene una virtud que los planos urbanísticos no poseen: conserva atmósferas. Una galería, una celda, un patio, una puerta, una pared o un pasillo pueden reconstruirse arquitectónicamente, pero nunca se recupera exactamente la experiencia de haber estado allí. Por eso Hannya puede entenderse también como una cápsula audiovisual de la última etapa de La Modelo.

Mel Álvarez y sus dos protagonistas, Alexandra Olmo y Txema Lorente, forman así parte de ese último capítulo cinematográfico de un edificio que durante décadas fue sinónimo de reclusión y que ahora aspira a convertirse en espacio de convivencia.

La Modelo Barcelona memoria Cupula visita
La Modelo Barcelona memoria Cupula visita

Cuando una cárcel también es una atracción turística

Barcelona ha convertido su arquitectura en una de sus grandes industrias culturales. Pero patrimonio no significa únicamente modernismo, iglesias, palacios o edificios nobles. También puede ser una cárcel. También puede ser un lugar incómodo. También puede ser un espacio de memoria.

La Modelo posee algo que muchos destinos turísticos contemporáneos buscan: autenticidad. No hace falta inventar una historia. La historia está en sus muros.

El turismo de memoria, y dentro de él las propuestas vinculadas al llamado turismo oscuro cuando se plantean con rigor, no debería consistir en convertir el sufrimiento en espectáculo. Al contrario: puede servir para explicar la historia, recuperar testimonios, comprender conflictos sociales y acercar a nuevas generaciones a aquello que una ciudad no debe olvidar.

Aquí está la oportunidad que todavía puede salvarse: que La Modelo no desaparezca como experiencia cultural aunque cambie su función urbana.

De prisión a centro cívico: una transformación necesaria

Convertir un recinto cerrado durante generaciones en un espacio abierto a la ciudadanía es, desde el punto de vista social, una operación difícil de rechazar. Escuelas, equipamientos deportivos, espacios juveniles, vivienda, servicios sociales, zonas verdes y memoria pueden devolver al barrio un lugar que durante décadas funcionó como frontera.

Pero precisamente ahí aparece la contradicción que merece ser discutida. Si La Modelo se convierte en centro cívico, ¿seguirá siendo La Modelo? Y si desaparece la experiencia física de la cárcel, ¿cómo explicaremos qué significó estar encerrado allí?

La respuesta no puede limitarse a colocar una placa. La memoria necesita espacio, relatos, imágenes, testimonios y pedagogía.

La Modelo Barcelona memoria pasillo
La Modelo Barcelona memoria pasillo

Barcelona y la tentación de la amnesia urbana

Barcelona tiene una extraordinaria capacidad para reinventarse. También tiene una cierta tendencia a sustituir aquello que incomoda por aquello que funciona. La renovación urbana es necesaria. La amnesia urbana, no.

La Modelo nació en 1904 en los márgenes de una ciudad que acabó creciendo a su alrededor hasta convertirla en un enclave central. El edificio que debía estar lejos terminó en el corazón de Barcelona. Esa transformación es, por sí misma, una metáfora de la ciudad.

Sería absurdo defender la conservación absoluta del recinto en nombre de la nostalgia. La vivienda, los servicios públicos y los espacios comunitarios son necesidades reales. Pero tampoco tiene sentido presentar memoria y utilidad social como enemigos.

El verdadero éxito de la operación no será que La Modelo deje de parecer una cárcel. Será que, cuando ya no lo parezca, cualquier ciudadano pueda seguir entendiendo qué fue aquel lugar.

La memoria también puede ser un recurso cultural

Barcelona debería estudiar una fórmula estable de turismo cultural y memoria alrededor de La Modelo: itinerarios guiados, archivo audiovisual, exposiciones temporales, recuperación de testimonios, programas educativos, rutas cinematográficas y documentación de los rodajes realizados en el recinto.

Hannya debería ocupar un lugar en ese relato. No como una simple curiosidad cinematográfica, sino como testimonio de una época de transición. El trabajo de Mel Álvarez, Alexandra Olmo y Txema Lorente puede quedar asociado a ese último momento en que la cámara todavía podía recorrer el interior de una prisión que pronto será otra cosa.

Cada rodaje es una cápsula temporal. Cada fotografía, una evidencia. Cada testimonio, una puerta abierta a la memoria.

La Modelo Barcelona memoria grabacion
La Modelo Barcelona memoria grabacion

El último paseo por La Modelo

Quizá dentro de unos años un visitante atraviese un parque donde antes había celdas. Quizá un adolescente entre en un equipamiento deportivo sin saber que allí hubo presos políticos. Quizá una familia viva en el entorno de una de las cárceles más conocidas de Barcelona.

Eso no será una tragedia. Será la vida ganando terreno a la prisión. Pero la ciudad tendrá una obligación: explicar lo que hubo antes.

Porque una ciudad no se mide únicamente por lo que construye. También por lo que es capaz de recordar mientras construye.

EPÍLOGO

La Modelo está a punto de dejar de ser una cárcel para convertirse en otra cosa. Y quizá esa sea su última gran lección: los edificios cambian de función, pero la memoria no debería cambiar de dueño.

Y mientras los muros cambian, queda el cine. Queda Hannya. Quedan Mel Álvarez, Alexandra Olmo y Txema Lorente como parte de ese último gesto de una cámara dentro de La Modelo. Queda, sobre todo, la pregunta que Barcelona debería hacerse antes de cerrar definitivamente esta puerta:

¿queremos transformar La Modelo o queremos, además, hacer desaparecer su recuerdo?

La respuesta debería estar en nuestras manos.

By Tony Avilés (Periodista y Agitador Cultural)