Hay despedidas que no caben en una maleta. Hay hogares que, cuando se abandonan, no dejan atrás solo muebles y paredes, sino años enteros de un cuerpo aprendiendo a habitarlos. De esa despedida imposible de empaquetar nace 'Estoy enfadada, estoy rabiosa', la nueva creación de Paloma Díaz / La Permanente que los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid acogerán los días 8 y 9 de septiembre en la Sala Negra, dentro del ciclo Canal Baila.
La pieza combina danza y vídeo para abordar el abandono forzado del hogar desde la propia experiencia de su autora, obligada a dejar la casa en la que había vivido durante más de media vida después de que un fondo de inversión adquiriera el edificio y decidiera no renovar su contrato. Lo que en otro contexto habría sido apenas una nota administrativa, una cláusula que no se renueva, se convierte aquí en materia escénica: el punto de partida de una reflexión sobre la pérdida, el vínculo y la memoria compartida entre un cuerpo y el espacio que lo sostuvo.
Coreografiar el desarraigo
Coreografiada e interpretada por la propia Paloma Díaz / La Permanente, la obra no se limita a narrar un desalojo: lo transforma en gesto, en respiración, en un lenguaje corporal capaz de decir aquello que las palabras administrativas jamás podrían. "Estoy enfadada, estoy rabiosa surge como una respuesta corporal a este exilio forzado", explica la creadora. "Es una despedida, un último vals con este contenedor de vivencias, una casa llena de amores y desamores, risas y llantos, compañera y testigo de mi desarrollo artístico y personal".
Esa imagen del último vals resulta especialmente certera: no hay furia gratuita en el título de la pieza, sino la rabia serena de quien decide, antes de marcharse, danzar una última vez con aquello que va a perder. El enfado, en este caso, no es destrucción sino ceremonia.
Un cuerpo que se despide de otro cuerpo
"He bailado mi casa", escribe Paloma Díaz / La Permanente para describir el proceso que dio origen a la pieza. Antes de abandonar definitivamente la vivienda, la artista recorrió con el cuerpo el dormitorio, la cocina, el pasillo y otros rincones cotidianos, convirtiendo ese gesto íntimo de despedida en parte de la creación escénica. El material audiovisual resultante, grabado durante los meses previos al desalojo, no funciona como un simple registro documental de lo vivido.
La propia creadora lo concibe de un modo mucho más poético: "un cuerpo que se despide de otro cuerpo: el arquitectónico". Ese material pasa a formar parte del espectáculo y dialoga con la presencia de la intérprete en escena, funcionando, en palabras de la artista, "como memoria, como fantasma y como contrapunto del cuerpo presente en escena".
Cuando la vivienda se convierte en materia escénica
Hay algo profundamente actual en esta propuesta: el problema de la vivienda, tan presente en la conversación pública contemporánea, encuentra aquí una vía de expresión que escapa a la estadística y al titular. La danza permite lo que el debate político raramente consigue: hacer sentir, en el propio cuerpo del espectador, la pérdida de un espacio que era mucho más que cuatro paredes.
La combinación de danza y vídeo convierte así una experiencia íntima en una propuesta escénica donde memoria, cuerpo e imágenes se entrelazan para reflexionar sobre el desarraigo, la pérdida y el vínculo con los espacios que habitamos. No se trata únicamente de la historia particular de Paloma Díaz, sino de un relato que muchos espectadores reconocerán, en mayor o menor medida, como propio: el de quien ha tenido que aprender a despedirse de un lugar que formaba parte de su identidad.
Una cita imprescindible dentro de Canal Baila
Incluida en la programación de Canal Baila, 'Estoy enfadada, estoy rabiosa' se suma a la apuesta de los Teatros del Canal por la creación contemporánea que dialoga con las inquietudes del presente. En un momento en que tantas biografías se ven atravesadas por mudanzas forzosas, desahucios y contratos que no se renuevan, esta pieza ofrece algo poco frecuente: no una denuncia panfletaria, sino una elegía corporal, íntima y precisa.
Al final, lo que Paloma Díaz propone sobre el escenario no es solo la historia de una casa perdida, sino una pregunta que trasciende su propia experiencia: qué queda de nosotros cuando el espacio que nos definió deja de existir, y cómo se baila, exactamente, ese último vals con la memoria.
