¿Puede un campus universitario convertirse en el escenario donde una sociedad entera se reencuentra consigo misma? Ocurrió el 9 de mayo de 1976, cuando decenas de miles de personas confluyeron en Cantoblanco para participar en el Festival de los Pueblos Ibéricos 50 aniversario que ahora la Universidad Autónoma de Madrid se dispone a celebrar. Apenas falta un mes para que la música, el diálogo y la memoria vuelvan a ocupar aquel mismo espacio que, medio siglo atrás, demostró que la cultura podía ser el lenguaje común de una democracia naciente.
Un hito de la Transición que no debe quedar en vitrina
Aquella jornada de 1976 no fue un concierto más. En plena Transición, con el país tanteando los contornos de una libertad aún frágil, el campus de la Autónoma se transformó en un ágora multitudinaria donde convivieron lenguas, territorios y sensibilidades que hasta entonces apenas habían tenido ocasión de mirarse a los ojos. La música —de raíz popular, comprometida, plural— actuó como pegamento emocional de una ciudadanía que intuía estar construyendo algo irreversible.
Cincuenta años después, la UAM rechaza reducir la efeméride a un ejercicio de nostalgia. Su planteamiento parte de una convicción que, lejos de envejecer, gana urgencia con cada ciclo informativo: la democracia no es un logro que se archive, sino un proceso vivo que exige cuidado, renovación y la implicación activa de quienes heredan sus instituciones.
Un programa que teje pasado y presente
La conmemoración se despliega en un abanico de actividades —culturales, académicas, deportivas y participativas— diseñadas para que la memoria del festival original dialogue con los desafíos contemporáneos de convivencia y pluralidad.
La exposición 'La celebración de la democracia'
Entre las iniciativas más destacadas figura una muestra que recorre la historia de la propia universidad y del festival a través de tres ejes: el campus de los años setenta como laboratorio de vanguardia en tiempos de cambio; la dimensión social y el compromiso con los valores democráticos; y el propio encuentro de 1976 como escenario de participación ciudadana. No se trata de una galería de recuerdos, sino de un relato que interpela al visitante sobre el presente.
Diversidad lingüística y encuentro intercultural
El programa ha abordado también la riqueza de lenguas y culturas que confluyeron en aquel momento histórico. La proyección del documental Xosé Álvarez y el Conceyu d'Asturies en Madrid, acompañada de una mesa redonda sobre las lenguas regionales durante la Transición, ha permitido recuperar voces que a menudo quedan al margen de los relatos hegemónicos.
A estas propuestas se suma un Encuentro Deportivo-Recreativo Intercultural, una actividad abierta, gratuita e inclusiva que emplea la práctica físico-deportiva como espacio informal de cooperación y conocimiento mutuo entre estudiantes, profesorado y personal de distintas facultades y procedencias. El deporte, entendido aquí como juego limpio y convivencia, traslada al cuerpo los mismos valores de cohesión que vertebran toda la conmemoración.
El 17 de septiembre, la música regresa a Cantoblanco
El corazón de la celebración latirá el próximo 17 de septiembre, cuando el campus acoja un gran festival musical concebido como encuentro abierto, plural e intergeneracional. Sobre el escenario convivirán artistas que participaron en la cita original —María del Mar Bonet, Luis Pastor, Manuel Gerena— con nombres de la escena contemporánea, tendiendo un puente sonoro entre generaciones.
El cartel confirmado hasta la fecha reúne a Ángel Stanich, El Gato con Jotas, María del Mar Bonet, Ramoncín, Blanca Paloma, Javier Álvarez, Las Migas, Marwán, Uxía, Carmen París, Javier Ruibal, Luis Pastor, Pancho Varona, Vino Tinto, Colectivo Panamera, Jon Maia, Manuel Gerena, Pedro Guerra y Vitorino. Una nómina que abarca flamenco, cantautor, folk peninsular, pop mestizo y propuestas inclasificables, reflejando la misma diversidad estilística y territorial que caracterizó al encuentro de 1976.
Un cartel vivo y en evolución
La organización ha anunciado que podrían sumarse nuevas incorporaciones en las próximas semanas. Horarios de actuación, información práctica y novedades se irán actualizando en la web oficial del festival y en sus perfiles en redes sociales.
Más allá de la música: una invitación cívica
La UAM no plantea esta jornada únicamente como un evento cultural. Es, ante todo, una invitación al conjunto de la ciudadanía —y especialmente a las nuevas generaciones— a reflexionar sobre los cimientos de la convivencia democrática en un tiempo marcado por la fragmentación y la polarización. La universidad reivindica el diálogo como herramienta imprescindible para sostener una sociedad libre, abierta y plural, y se ofrece como espacio donde ese diálogo pueda producirse sin trincheras.
Reconocer lo que une sin negar lo que diferencia. Escuchar antes de responder. Entender la democracia no como un decorado heredado, sino como una arquitectura que cada generación debe apuntalar con sus propias manos. Ese es el mensaje que recorre cada actividad del programa, desde la exposición hasta el último acorde del festival.
Una obra que no se termina nunca
Medio siglo separa aquel mayo de 1976 del septiembre que está a punto de llegar, pero la distancia cronológica no ha erosionado la vigencia del impulso original. Si algo demostró el Festival de los Pueblos Ibéricos es que la cultura posee una capacidad extraordinaria para convertir un espacio físico en un espacio de sentido compartido, para transformar la diferencia en riqueza y el encuentro en compromiso.
El 17 de septiembre, Cantoblanco volverá a sonar. Y en cada nota, en cada conversación entre desconocidos, en cada aplauso que cruce generaciones, resonará una certeza que no caduca: la convivencia se construye encontrándonos. Cincuenta años después, la celebración continúa. Y con ella, la responsabilidad.
