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¿Cómo estás?

Imagen1Estaba esperando en el sillón no sé qué, servirme un vaso de agua o salir, la casa es una mugre, el mercado estaba lleno de gente ¿Qué es eso de quedarse con el cambio o peor del quédese con el cambio? ¿Qué es eso? Si acá no sobra nada, pero tampoco te quedas con la guita del otro, aunque los mandados no sean para vos, aunque la cosa está difícil, aunque de pibito siempre te quisiste comprar algunos chicles con el vuelto de los mandados que le hacías a tu vieja, era mucho más placentero llegar a tu casa, y decirle “Salió tanto má y acá tenes el vuelto”, creo que todo ronda en lo mismo, ¿La honradez? ¿La culpa? Va…no sé, lo que si sé es que la cosa esta complicada, estamos con el motor fundido, pero andamos maravillosamente bien, jodidamente bien. Por eso cuando el vecino nos pregunta - ¿Cómo estás? le contestamos - Bien, bien ¿Y vos? Como un reflejo de dejar bajo llave algunos dolores y alegrías tomando distancia de ellos, mejor si hacemos de cuenta que, porque hay que hacer de cuenta que andamos bien, frente a la pregunta “¿Cómo estás?” en el mejor de los casos, o el “¡Cómo estás!” en el peor. Ese sí que no escucha ni un “bien” ni un “y mirá”, porque es más bien un saludo, un ¡hola! un hola bien vestido, en el cual se ve un tejido de cometidos para que sepas que están ahí y tienen algo para contarte. Tienen algo para evitar al menos por ese rato no sentirse olvidados, porque muchas veces nadie espera escucharte, quieren ser escuchados, y te encontraron, te buscaron y te cruzaron para que después de tu respuesta automática “Bien, bien y ¿vos?” - porque no osarías a contestar “Mal che, ¿Tenés un toque de tiempo para tomar un café y te cuento? – se abra lugar a escuchar la novedad que necesitan decir, el problema o el éxito, la pena o la alegría, la espera o lo que les llegó. Te lo van a contar y vos lo vas a escuchar, y vas a responderle con palabras cortas y profundas, aparentemente sensatas, vas a pegarte los labios cerrarlos, y abrirlos para únicamente decir cosas como: “Uh che”. “Que garrón”. “Claro, es un tema”. “Tratá de estar tranquilo”. “Este es un momento para reencontrarte”. Y en caso de que sea buena la novedad: “¡Felicitaciones! ¡Genial!”. “¡Te lo re merecés! ¡buenísimo!”. Vas a contestar todas esas cosas que te gustaría escuchar de alguien para con vos.

El ciclo de cualquier conversación de estas características termina curiosamente con un diálogo falto de real interés mutuo, siendo que el mismo que abrió el diálogo es quien da generalmente por terminada la charla con una afirmación de despedida repleta de deseos para con uno: “Que bueno saber de vos, ¡que sigas bien!”.

Y así es como necesitamos realmente ser escuchados, entonces es el momento justo para anticiparse, salir, cambiar de rol y ser uno quién pregunte “¿Cómo estás?”.

Pablo Andrés Rial