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REVISTA CULTURAL BLANCO SOBRE NEGRO


 

Poemas de Juventud de Carmen Torronteras (III)

XVII

El abismo estuve presenciando

para observar lo que queda en nuestras almas.

Todo era lo esperpéntico del mundo,

¡qué horror poseer tanta desgracia!.

Y aún la desgracia me cubría

cuando pensé que materia me sobraba

mientras yo, subida en una nube,

esperaba entre momentos tu llegada.

Después de esperar por tanto tiempo

la cálida mejilla de tu alma

descubrí que el cielo era muy bello

y el amor…la libertad del alma.

XVIII

Cien crepúsculos el cielo

adormece mil mañanas.

Mil gorriones tocan nubes

en un cielo puro y grana.

 

XIX

Amanece y veo el mar

como brama entre las olas,

como brilla el pulcro Sol

y resucita la aurora.

Amanece y veo el mar,

el secreto de las sombras

desaparece en tinieblas

frente al claro de la aurora.

Veo amanecer el día

junto a la orilla del mar

y siento las multitudes,

la lejana humanidad.

Como las olas lejanas

que se increpan sin calmar

llega a mis cansados ojos

un rayo oscuro y fugaz

y pienso en unos momentos

en notas dulces balar:

¡” Oh, mi Sol resplandeciente,

quiero mi amor ver llegar

sobre esa bruma celeste

que a mi alma elevará!

¡Oh, mi Sol resplandeciente,

extiende ufana mi paz,

porque moriré observando

como amanece en el mar!

 

XX

Pensaba meditando

lo negro del pasado,

deseos e ilusiones

entre un mar de fracasos.

Pensaba meditando

al pie de aquella estrella

que en cada noche clara

le hablaba entre mis rejas.

Pensaba meditando

en un pasado etéreo

y un futuro intangible

que se esconde sin verlo.

 

XXI

Como estrellas radiantes

de ámbar y azuladas,

la frágil primavera

que a crisantemos canta.

Como la luz del día

que abre nuestras almas

van pasando las horas…,

los segundos, sin pausa.

Van pasando las horas,

van pasando las almas

por el túnel del tiempo

que un querubín guarda.

¿Se va acabando el tiempo

o es la vida que pasa?

¡Contéstame, deprisa,

que mi alma está cansada!

 

XXII

Arcano y dulce secreto,

inconfesable y etéreo

que se escapa entre el incienso

y da olor a mis recuerdos.

¡Qué futuro sin deseos!

Huella profunda

que te recuerda en lo inmenso.

 

XXIII

Soñaba tantas veces

estar junto a tu lado

bajo la Luna llena 

y una nube de encanto.

Soñaba tantas veces

en silencio a tu lado

bajo la Luna llena

y una nube de encanto.

Soñaba tantas veces

en silencio a tu lado

unirse nuestras almas

y besar el espacio.

Pensé yo tantas veces

en el etéreo vaho

que une los abismos,

el allá más cercano

y pensaba apenada

en el cielo de espanto

que perdió tu sonrisa

entre brumas y escarnios.

 

XXIV

Hablándole al oído 

para alejar mi queja

le pregunté una noche

con rumor de desierto:

“¿Es verdad que la vida

se evapora en un beso?

“Con certeza es seguro

-respondió en el momento-

porque el aire me falta

y me ahoga el silencio”.

XXV

Dame un cáliz que rebose de amor

para la Luna cubrir

y que empañe su enigma

un vuelo feliz.

Dame un cáliz labrado

donde el amor me sirvas sin fin

y que en prosaica y leve sonrisa

fraterne una rosa al carmín.

Dame un cáliz eterno

que hasta la Luna se empeñe en gemir,

que hasta los astros curiosos vigilen

cuando mis ojos se fijen en ti.

XXVI

¡Ahí, mi Torre junto al rio,

que a gentes viste atacar

en la orillita del río

que baña blanco tu altar!

¡Ahí, mi Torre junto al río,

Guadalquivir, ¿qué me das?,                         

con tu puente trianero

que une lo eterno y fugaz.

¡Ahí, milenario Tartessos,

quién te pudiera arrancar

ese beso tan marino

de espaldas a bajo mar

que cada cuerpo te infringe

cuando te mira al pasar!

 

Carmen Torronteras